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2 Junio, 2015

 

BLOG : La socialización en niños pequeños
Como responder a los distintos procesos de socialización de nuestros hijos.

Socialización en niños pequeños

Muy frecuentemente escuchamos que los padres valoran que sus hijos pequeños entren al nido para que, entre otras cosas, aprendan a “socializar” mejor. Entre sus expectativas están que su niño pueda compartir, interactuar con otros niños y niñas de su edad de manera positiva, y que aprenda a defenderse, que no se deje agredir. Estas expectativas, totalmente válidas, corresponden a maneras específicas de actuar y relacionarse en el medio social. Lo que pretendemos con estas líneas es dar un vistazo a los fundamentos que se requieren para obtener tales resultados, especialmente en lo que respecta al mundo emocional del niño y plantear algunas recomendaciones para que los padres acompañen a sus hijos e hijas en el proceso, considerando los propios ritmos y características de ellos y ellas.

En principio, consideramos que el hecho de entrar al nido, ayuda en el sentido que pone al pequeño en un escenario en donde va a poder poner en práctica adquisiciones básicas de su desarrollo emocional, y es responsabilidad de los adultos (padres y maestras) velar por cuidar que dicho proceso sea saludable para su crecimiento como persona. En el nido, el niño va a desplegar los recursos que ha adquirido en casa, en la interacción con sus padres o cuidadores, que le permiten por ejemplo, sentirse apreciado por otros, atender y entender las señales que le dan, manejarse frente a situaciones nuevas y ante extraños, y posponer sus necesidades inmediatas, guiado por el deseo de estar con el amigo y disfrutar su compañía.

Pero los niños y las niñas tienen sus propias vivencias y sensibilidades, así como su propia historia: sus primeros vínculos son el fundamento de sus futuras relaciones con otros. Rafael, es hijo único, y el primer niño en su familia, su mamá tuvo todo el tiempo para dedicarle y se le hizo un poco difícil confiar en otras personas para cuidar a Rafael, quien además desde chiquito fue más sensible para enfrentar cambios. Carmen es la menor de tres hermanos y adquirió mucha seguridad para valerse por sí misma, sabe defenderse cuando los hermanos la molestan y a veces quiere ser siempre la que los manda. Rafael y Carmen, tuvieron que ser acompañados por sus padres y maestras, de manera diferente, Rafael necesitó que se le anticipen algunos cambios y ayudarlo a desarrollar iniciativa, más de lo que necesitó Carmen. En cambio a la niña le fue muy fácil adaptarse al nido, pero necesitó mucha consistencia y firmeza para que lograra postergar sus deseos y fue necesario estimularla a tomar en cuenta las propuestas de sus compañeros. Las maneras de ser de Rafael y Carmen no son en sí mismas preocupantes. Lo que ocasionaría inestabilidad y sufrimiento emocional para los niños y las niñas como ellos, seria si se desconocieran sus posibilidades individuales de respuesta, planteándoles expectativas inapropiadas o haciéndolos sentirse inadecuados por no cumplirlas.

Además de que los niños participen en espacios grupales, es fundamental que los padres los escuchen, los observen y reflexionen acerca de lo que sus hijos les dejan ver en relación a los sentimientos, deseos, temores al interactuar con otros, valorándolos y respetándolos, y brindándoles el apoyo que requieran. Solo esto nos asegurara que ellos también puedan desarrollar la misma capacidad para ponerse en el lugar de los otros y relacionarse de una manera positiva con sus pares.

– Lucy Uceda