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Publicado: Lunes 30 de Noviembre, 2015
Por: Elvira Soto de Dupuy

Ser abuelos: un continuo sin fin

 

CONFERENCIA INTERNACIONAL

  AL FIN DE LA BATALLA

                                    Lima, Perú, 15-18 noviembre 2001

 

      SER ABUELOS: UN CONTINUO SIN FIN

Presentación de la mesa de la Asociación de Psicoterapia de Niños

 

  LA CONTINUIDAD A TRAVÉS DEL VÍNCULO

LUGAR SIMBÓLICO Y REAL QUE OCUPAN LOS ABUELOS PARA SUS NIETOS[i]

Elvira Soto de Dupuy

 

“Cuanto más ramificado el árbol genealógico de la descendencia, mayor la ilusión de infinitud, más cumplido el anhelo de supervivencia”       Paulina Redler

Un día un abuelo, hablando del divorcio reciente de uno de sus hijos y del impacto que éste había causado en su nieto menor, termina la conversación diciéndome: “”El árbol, aunque esté viejo, siente lo que pasa hasta en la más tierna de sus hojas. Nunca descansa”.

Me conmovió el comentario por dos razones, primero porque en ese momento realmente parecía un viejo tronco abatido por el peso de sus ramas; pero  también, por la sabiduría que encerraba esa metáfora.

Le respondí, creo que tratando de animarlo, que era cierto, pero que también, en muchas ocasiones ese viejo tronco había podido disfrutar orgulloso, viendo como sus ramas crecían, y de ellas, nuevas hojas. Y que ahora para esas pequeñas hojas, saber que había un tronco desde donde seguía fluyendo la sabia, del cual podían sostenerse, si fuera necesario, era fundamental en una situación así.

De alguna manera, a través de mi comentario, quería apelar a ese vínculo afectivo ya existente, que si bien pasaba por momentos de dolor, seguramente había tenido otros de gozo compartido; pero también  quería rescatar los recursos yoicos del abuelo; en este caso concreto, su capacidad de sostén emocional,  que intuía, en esa situación de crisis familiar, podía hacer la diferencia para ese niño, en el sentido de ayudarlo a tolerar mejor el impacto emocional de ésta.

En mi experiencia clínica, después de trabajar con algunos niños para quienes sus abuelos jugaron un rol muy importante, por las circunstancias particulares en que habían sido concebidos y en las que estaban creciendo, me encontraba diciéndome a mi misma: Estos abuelos le han salvado la vida a este nieto, en el sentido de salud emocional, se entiende; en especial, cuando los padres, por diversas razones, no están presentes o lo están solo parcialmente. Y si bien puede sonar como una afirmación demasiado categórica y exagerada, creo que en nuestra sociedad, en muchos casos, no le falta verdad.

Debe quedar claro, sin embargo, que con esa afirmación no pretendo desconocer los aspectos conflictivos que también conlleva esa relación, como cualquier vínculo humano que tiene de eros y tánatos. Muchas veces podemos observar, que aspectos no resueltos de la propia historia de los abuelos, tienden a repetirse en la relación con sus hijos, ahora padres, y con sus nietos. Es el caso, por ejemplo, de algunos abuelos que, por aspectos narcisisticos de su personalidad, no quieren o no pueden involucrarse afectivamente con ellos, marcando una distancia; o de aquellos, que construyen vínculos teñidos por sus propias neurosis, depresiones o angustias extremas no superadas, que les impiden disfrutar de toda la riqueza afectiva, que supone esta relación abuelos-nietos.

Al respecto, Paulina Redler afirma,  que la abuelidad, (*) implica “psicodinamismos en los que se superponen ambivalencias, alianzas dispares y conflictos múltiples”. (pp.13-14)

Sin embargo, podemos pensar que por suerte, en muchos casos, priman los aspectos genitales y maduros de los abuelos y de los padres, abriendo un abanico de posibilidades a través de esta nueva relación transgeneracional. Joan Raphael-Leff menciona que para algunas parejas, el embarazo reactiva ansiedades de la infancia; en otras, puede consolidar una nueva relación adulta con los padres, (como si ellos no hubieran considerado que sus hijos  pueden cumplir ese rol).

Felizmente, en nuestra cultura y realidad la familia extendida, mantiene todavía un lugar importante, para cuyos miembros, la llegada de un nieto,  usualmente es una razón de orgullo y de alegría compartida.  También, cuando las circunstancias  son difíciles, supone una  preocupación y compromiso, que muchas veces pasa a  ser cotidiano.

(*) Concepto creado y estudiado por la psicoanalista argentina Paulina Redler

 

ALGUNOS DATOS DE ORDEN CULTURAL SOCIAL:

 

  1. Vigencia, en nuestra sociedad y realidad urbana, de las familias ampliadas.
  2. Existencia de una prolongada crisis económica, que ha ido alcanzando a casi todos los sectores de nuestra población.
  3. Incremento del número de parejas, en que los dos trabajan, en muchos casos,  en jornadas más largas y en condiciones más exigentes y competitivas.
  4. Mayor porcentaje de madres que llevan a cabo una doble o triple jornada de trabajo.
  5. Incremento del número de madres que cumple un doble rol. Lo que significa que las mujeres se vean más presionadas a obtener logros tales como autosuficiencia económica y éxito profesional y laboral, pero sin eximirse de su papel de madres y esposas.
  6. Alto porcentaje de madres que hacen de madre y padre, ya que ante la ausencia de éste, funcionan como jefes de familia.
  7. Mayor número de hombres que realizan más de un trabajo por la necesidad de poder adquisitivo y competencia.
  8. Exigencias que impone la globalización a papá o mamá y los obliga a viajar con frecuencia, por asuntos laborales.
  9. Presencia de una suerte de adicción al trabajo, en algunos hombres y mujeres (que parecen tener la necesidad de compensar, de esa manera, algún vacío o responder a algún mandato inconsciente). (Incluyo acá el uso indiscriminado y compulsivo del celular y otros aparatos que interrumpen la vida familiar).
  10. Una suerte de discurrir fuera de la casa, a veces, por una actividad social muy intensa, otras, por alguna situación que conlleva un conflicto (dificultades de pareja, adicciones diversas), que hace que papá o mamá se ausenten o no le den importancia a la construcción de vínculos afectivos dentro de la propia familia.

 

Como resultado, en muchos casos, el tiempo de ambos para estar con sus hijos pequeños, es menor. Por consiguiente, todas estas circunstancias son causa de que con mayor frecuencia los padres recurran a sus padres, los abuelos,  para ser apoyados en el cuidado de sus hijos pequeños, cuando esto es posible y la voluntad de todos va en ese sentido.

Sabemos además, que en la actualidad, gracias al avance de la ciencia y la medicina, dentro del entorno urbano, los abuelos son más jóvenes y más sanos porque la expectativa y calidad de vida son mayores, lo que permite que se establezca, entre éstos y sus nietos, una relación que puede ser más duradera, y desarrollar así, un vínculo más cercano y significativo para ambas generaciones.

 

EL ROL DE LAS ABUELAS CON LOS NIETOS RECIÉN NACIDOS, A TRAVÉS DEL VÍNCULO CON SUS HIJAS:

Daniel Stern, creó el concepto de constelación maternal, para referirse a la organización psíquica, en que entra la madre, en nuestra cultura, con el nacimiento de su bebé, la misma que determina un nuevo conjunto de tendencias a la acción, sensibilidades, fantasías, temores y deseos. Este concepto implica varios temas y preocupaciones, una de las cuales, se refiere al discurso interno y externo, que tiene la madre con su propia madre.

“En nuestra cultura…cuando una mujer se convierte en madre, surgen varios temas asociados: …el de la vida y el crecimiento, …el de la relación primaria, …el de la matriz de apoyo, …el de la reorganización de la identidad. Cada uno de esos temas conlleva un grupo organizado de ideas, deseos, temores, recuerdos y razones que determinará o influenciará los sentimientos de la madre, sus acciones, interpretaciones, relaciones interpersonales y otras conductas de adaptación” (pp. 211) ”La constelación maternal hace referencia (también) a tres preocupaciones y discursos diferentes que tienen lugar tanto interna como externamente: el discurso de la madre con su propia madre, especialmente con-su-propia-madre-como-madre-cuando-ella-era-niña; el discurso consigo misma, especialmente consigo-misma-como-madre;  y el discurso con su bebé”. (pp.210)

Nos interesa mencionar muy brevemente uno de esos temas, el de la matriz de apoyo, que “se refiere a la necesidad de la madre de crear, permitir, aceptar y regular una red de apoyo benefactora y protectora”, (pp. 216) de manera que le facilite cumplir con las funciones de mantener al bebé en vida y fomentar su desarrollo psíquico y afectivo. Etapa que implica para la madre, lidiar con las demandas de su bebé, pero también con las que la sociedad deposita en ella, muchas veces, sin darle la preparación y los medios para lograrlo. Para el autor, la matriz de apoyo, es siempre una red femenina y maternal, y uno de los personajes que  desempeña un papel central -entre otros varios que menciona- son las que el autor llama “abuelas benevolentes”. Las funciones de esa matriz son: proteger físicamente a la madre, cubrirle sus necesidades vitales y retirarla durante algún tiempo de las exigencias de la realidad externa, para que pueda dedicarse a las dos funciones antes mencionadas.

La madre necesita sentirse sostenida, apoyada, acompañada, valorada, e instruida por una mujer benevolente y más experimentada, que esté inequívocamente de su lado,  (obviamente, en diferentes grados, de acuerdo a las características y circunstancias de cada madre), agrega el autor. (1)

Muchos de estos aspectos mencionados por Stern, nos hacen pensar en el concepto de holding  desarrollado por Donald Winnicott cuando habla de la relación de una madre con su bebé, (2) y que creemos, se podría aplicar a la función que cumple la abuela con su propia hija, en su nuevo rol de madre  (al  tomar en cuenta, su sensibilidad en términos corporales, reconocer y aceptar el estado narcisista, adaptarse al ritmo único y original de ella, acompañando los sutiles cambios, tanto físicos como psíquicos, tolerando sus dudas de ser una buena mamá.)

En ese sentido, es fundamental que la abuela permita que la nueva madre, experimente y cultive la confianza en ella misma, para que así surjan y aumenten sus capacidades para ayudar al bebé a lo largo del complejo pero natural proceso de desarrollo. Es importante que la nueva mamá sepa que, cuando ella lo necesite, su madre, la abuela, estará disponible para apoyarla, y si fuera necesario, ayudarla a descifrar algunas de las señales del bebé. Pero quizás, la más valioso para esa joven mamá, sea sentirse reafirmada en su función maternal a través de la empatía, seguridad y confianza que le ofrece su propia madre.  Es muy importante, tal como señala François Dolto, que la abuela respete las opciones de la madre, sin pretender que sea un calco de ella misma, aun si esto significa alejarse espacialmente de ella (sin retenerla por sentimientos de culpabilidad).

Una mama, primeriza, que vivía en el extranjero, que no se sentía apoyada por su marido ni bien comprendida por el pediatra, me decía que después de pasarse varios días llorando, porque pensaba que no podía ser buena mamá y que su leche no alimentaba a su bebe, recién pudo tranquilizarse  y confiar en que lo que ella tenía para darle era bueno y nutritivo –en sentido real y simbólico-, cuando su madre llegó y le hizo ver lo bien que comía su bebé y la placidez con la que dormía.

Podríamos decir, que esta “abuela benevolente”, a la que hace referencia Stern, que puede estar de esa manera con su hija, sería el equivalente a la “madre suficientemente buena” de Winnicott. Así, si tomamos prestado ese concepto  y lo parafraseamos,  podríamos afirmar que siendo una “”abuela suficientemente buena”, le permitirá a la madre ir desarrollando el vínculo afectivo con su nuevo bebe e ir reorganizando su propia identidad, pasando de ser hija a ser mamá. Cabe señalar, que en algunos casos, una buena suegra, una hermana mayor u otra figura femenina adecuada, puede cumplir algunas de las funciones antes señaladas y además, ejercer un rol reparador cuando la abuela materna no está, o no tiene un vínculo facilitador con su propia hija.

Lo opuesto sería esa actitud intrusiva y dominante, de alguna abuela, que quiere imponer su manera de criar, “’porque es lo mejor, y ella  lo sabe por experiencia’, sin respetar el ritmo o deseo de la madre ni la interacción con su bebé; o aquella que la critica y desvaloriza, sembrándole más dudas y desconfianza sobre la manera de criar, interfiriendo así  en ese vínculo, que está recién constituyéndose.

Una mamá que quedó encinta muy jovencita, sin haberlo deseado, y en medio de una situación familiar bastante conflictiva, acude a la consulta, cuando su hijito tenía ya 3 años, por los trastornos del sueño que presentaba. Al hablar con ella sobre el posible origen de éstos, me describe los primeros días en casa, con su bebé recién nacido, “que no paraba de llorar para dormir, hicieran lo que hicieran”, como una suerte de batalla campal entre las dos abuelas, que trataban de imponer sus ideas: “paséalo en carro hasta que se duerma”, le decía una; “hay que educarlo desde que nace, déjalo llorar hasta que se canse, y ya verás que  nunca más te volverá a fastidiar”, decía la otra. Ella me dice que se sentía arrinconada entre las dos, y sólo atinaba a llorar, impotente,  más aún, cuando el papá le reclamaba,  que calle a “ese bebe”,  porque necesitaba dormir para ir a trabajar al día siguiente.

Se ha constatado, que la relación de la nueva madre, con su propia madre, pasa por una reorganización durante este período, lo que implica, la formación de modelos parentales positivos o negativos. Joan Raphael-Leff, afirma al respecto que las madres, ya  desde su embarazo, se conectan con la relación con sus propios padres y que el bebé que están esperando puede, dentro de su fantasía, cumplir una serie de funciones para los abuelos y, a la vez, el bebé suscitar una serie de reacciones y, podríamos agregar, de expectativas, en ellos.

EL ROL DE LOS ABUELOS EN CIRCUNSTANCIAS DIFÍCILES:

Doltó afirma que cuando las mujeres “se han convertido en abuelas, ellas están felices de su descendencia y  son capaces de dar a sus hijos y a sus nietos una ayuda que no les parece un sacrificio,   al mismo tiempo que ellas no buscan  tomar el lugar de la madre en el corazón de sus nietos o de la abuela de la otra rama,…están según sus medidas y día a día, al servicio de la vida, y particularmente de la de los humanos, tanto en su realidad cotidiana  como en su aspecto simbólico”. (pp. 278) (El subrayado es nuestro.)

Pensamos que son estos aspectos resaltados por la autora, los que facilitan que muchos abuelos, se hagan un tiempo y un espacio interno y real, postergando, casi siempre, otros intereses o actividades para asumir un rol activo en la relación con sus nietos. Algunas  veces de manera eventual; por ejemplo, cuando los nietos se enferman, su ternura, compañía y consuelo son invalorables para todos. Otras veces, cuando papá y mamá tienen largas y tensas jornadas de trabajo y los niños pasan mucho tiempo con empleadas, su presencia es aún más valiosa y significativa. En esos casos, durante algunas horas al día o a la semana, funcionan como figuras parentales sustitutas, ofreciéndose como modelos y figuras de identificación. Los relatos, canciones y  juegos compartidos casi como pares, cargados de una deliciosa complicidad, significan continuidad, ya que de esa manera, sin pensarlo, los abuelos transmiten  cultura, tradiciones y raíces a sus nietos. Hay un enriquecimiento mutuo, pues esos momentos que los nietos pasan con sus abuelos,  van  teñidos por las experiencias vividas  y una mirada del mundo más sabia y tolerante. A cambio, los nietos les devuelven frescura, vitalidad, espontaneidad y alegría.

Seguramente todos hemos tenido cerca a algún abuelo o abuela,  que puede pasar horas, contándonos con ternura y orgullo, cada una de las hazañas de sus nietos. Son esos ”abuelos suficientemente buenos”, los que con su cariño, mirada más sagaz y serena,  mayor perspectiva en el tiempo y empatía, pueden facilitar que los padres asuman su rol. ”Empatía, dice Paulina Redler, que le hace posible compartir deseos, ideales y acciones con otros, en este caso, el hijo ahora como padre. Siempre y cuando, esa empatía derive en simpatía y no en antipatía, como consecuencia de vivencias no elaboradas”. (pp. 105) (El subrayado es nuestro)

Otro aspecto que queremos rescatar de esta relación, es la capacidad de los abuelos, de congregar a la familia, en una época en que, por la distancia y velocidad de la vida cotidiana, los encuentros son menos frecuentes, de manera tal, que ellos se convierten en una suerte de puente, entre tiempos, generaciones y nuevas familias nucleares diferentes, contribuyendo a fortalecer los lazos familiares y la transmisión de experiencias y valores, que a la larga, para bien o para mal, pasan a formar parte de la estructura familiar, dando lugar así,  a la transmisión transgeneracional.

Pero los abuelos que más admiración me causan y, a veces, hasta gratitud por lo que hacen por alguno de mis pequeños pacientes, son aquellos, que olvidándose de su edad y circunstancias vitales, cuando alguno de sus hijos, los padres de sus nietos, pasan por momentos de crisis familiar o personal (desde embarazos adolescentes, largas jornadas de trabajo, problemas de salud, viajes, separaciones y divorcios hasta,  el caso más grave, la muerte) brindan un apoyo, que ya no es solo  presencia, compañía, refugio y sostén emocional sino que se “”hacen cargo” de manera casi total o total, al menos durante un tiempo.

Pienso en un niño, al que –hace muchos años- acompañé a través del trabajo terapéutico, entre los 3 años y medio y los 8 años. Cuando recién llegó, el niño presentaba episodios severos de angustia. Quienes solicitan la consulta fueron los abuelos. La mamá también estuvo presente, pero estaba recién saliendo de una nueva depresión. Ella, que siempre se había llevado muy mal con su madre, quedó embarazada, en una relación casi adolescente, con un enamorado extranjero, que estaba de paso y que no se llegó a enterar siquiera del embarazo de ella; relación que en el poco tiempo que duró fue muy violenta. La madre, después de mucho dudarlo, decidió, con el apoyo de sus padres, continuar con su embarazo, pero sin permitir que el padre se enterara ni siquiera para darle su apellido. Algunos meses después de dar a luz,  ya recuperada de una fuerte depresión, ella se animó a retomar sus estudios.

Después de un proceso largo y doloroso, en que la presencia y apoyo incondicional de los abuelos, sus padres,  fue vital para la construcción de ese vínculo afectivo y para el desarrollo de ese bebé, juntos pudieron lograr que el cariño y la apuesta por la vida, se impusiera al conflicto, al dolor psíquico y a la hostilidad. 

Durante el tiempo que tuve al niño en terapia pude ver como la mamá, de ser una suerte de hermana mayor, fue creciendo en todo sentido hasta convertirse en una verdadera mamá y en una profesional que trabajaba y se enorgullecía de haber logrado organizarse para cumplir de “manera suficientemente buena” con esos dos roles.

En los primeros años de psicoterapia, me conmovía el lugar privilegiado que ocupaba el abuelo en los juegos del niño. Pasaba mucho tiempo jugando a los carritos, reproduciendo los paseos con él  a su fábrica, como si necesitara aferrarse a esa figura benevolente y presente, en todo el sentido de la palabra,  para compensar la ausencia real y la hostilidad con que estaba cargada la figura del padre, a través de la experiencia y del relato de la madre. Después de algún tiempo, paulatinamente, ese lugar fue siendo tomado, por la presencia de un nuevo enamorado de la mamá, que cada vez más repuesta, ya no solo pudo construir un vínculo amoroso con su hijo, sino también uno reparador con su nueva pareja, a quien el niño, en privado, le pidió permiso para  llamarle papá.

El final del proceso terapéutico coincide con varias cosas importantes: La madre, logra hacerse cargo económicamente hasta de la terapia de su hijo, aunque seguían viviendo en casa de los abuelos; ella y su nueva pareja se comprometen y aplican a una beca para estudiar en el extranjero (tengo entendido que al poco tiempo se casaron) y, por último, la abuela, pudo reconocer, que su hija ya podía ejercer todas las funciones que implicaba ser la madre de su nieto, y no sin dolor, aceptó pasarle la posta, para lo cual la intervención del abuelo, una vez más fue vital, porque obviamente fue sentido como un desgarre por ella.

Vemos, a través de esta viñeta, como los abuelos, en casos extremos, se convierten en una red de soporte invalorable con quienes, gracias a su tolerancia y generosidad, en este caso la madre, pudo compartir cargas, tareas y sufrimientos, pero también, procesos de crecimiento personal, respuestas y soluciones a graves situaciones de stress vividas, sobrellevando y superando tanto los conflictos intergeneracionales como aquellos  inherentes a toda relación humana, que -en este caso particular-, se expresaba a través de la discrepancia entre la abuela y la madre acerca del método de crianza del nieto. Situación que se hacía más difícil, cuando la abuela, que siempre fue muy estricta y controladora, reñía casi de la misma manera a su hija y a su nieto, propiciando la confusión de roles que, poco a poco, fue superada.

Paulina Redler afirma que se desarrollan “alianzas y complicidades abuelo-nieto basadas en los deseos y en la ambivalencia afectiva respecto de la generación más fuertemente investida por ambos, la generación intermedia…”. (pp.127). Luego agrega que cuando esa relación está bien establecida se convierte en algo muy especial,  viven “una experiencia formadora y transformadora nueva”…”instaurándose placeres parciales, goces y realizaciones edípicas”. (pp.131) La misma autora continúa: “En los recuerdos, juegos, diálogos, dimes y diretes, los potenciales “abuelos” y el candidato a “nieto”, despiertan a un tumultuoso Eros antes adormecido. En un placentero encuentro de sexualidad y genealogías revestidas de cuidado y cariño mutuos, la abuelidad (se) va desplegando gradualmente…su afán de cuidar y ser cuidados, de jugar y de saber. (pp.131) Luego menciona que “La interacción “abuelos” – “nieto” produce cambios subjetivos mutuamente enriquecedores en un lugar ya virtualmente preparado para ello. Al mismo tiempo que con la “abuelidad” ayudan a la hija a poder ser esposa y tener “hijo”, ayudan al padre del niño, a ser esposo de la hija…En un pasaje de libido narcisista, a libido objetal, las pulsiones sexuales se van desplegando en cariño creciente y retributivo, que aumenta la auto y heteroestima de todos, al mismo tiempo que disminuyen las agresividades de un comienzo.” (pp.132)

Para concluir, me voy a referir a las situaciones de enfermedad y muerte de los abuelos,  por las que de manera ineludible, tarde o temprano, tenemos que pasar todos y que, generalmente,  para los nietos es la primera experiencia de este tipo y produce un fuerte impacto emocional en ellos. El dolor producido y las huellas  que queden en la psique variarán según la edad de los nietos, el tipo de relación existente, experiencias previas de pérdida y la manera como fueron vividas, el soporte emocional que recibieron de los demás miembros de la familia, las circunstancias que rodearon estas vicisitudes y la manera en que cada familia pudo manejar la situación de muerte y elaborar, o no, el duelo.

Una pareja de padres se acerca a la  consulta porque su niña de 11 años ha intentado suicidarse. Relatan que desde que el abuelo falleció, meses atrás, ella se siente muy infeliz, lo extraña mucho. Comentan que, desde que era bebita la dejaban con él, porque ella lo revitalizaba, luego del infarto al corazón que tuvo, de pura emoción, cuando ella nació. La niña, dice que su abuelo sí tenía tiempo para conversar con ella y compartir sus juegos y fantasías, a diferencia de su mamá que está dedicada a criar y cuidar a sus 3 hermanas menores. Ella, reclama con dolor, por qué no le permitieron despedirse del abuelo, ya que los padres pensaron que era mejor ocultarle la noticia.

El impacto emocional que tuvo la enfermedad y muerte del abuelo en esta nieta, se puede intuir no solo en el motivo que trae a consulta a los padres sino, en especial en el relato que ella hace, durante la evaluación, con los cuentos incompletos de Duss (*), que permite que salga a la luz lo que tenía guardado en su inconsciente.

(*) Prueba Proyectiva usada en el Diagnóstico Psicológico con niños.

La terapeuta  inicia así el cuento nº 8: Un día la mamá le dice a su hijo en secreto: “Tengo que decirte algo muy importante………….”  La niña lo completa: “Nos vemos en Miami, no…” (se resiste y hay un silencio). Luego sigue: “Lo tienes que tomar muy bien, estas cosas tristes pasan, tu abuelito tenía cáncer y ayer murió. No pudo despedirse. Como tenía 7 años no le dijeron nada. Él lloraba cada vez que lo llevaba a la casa del abuelo. La mamá parecía que no lloraba, era seria. La empleada le decía que esas cosas pasan, a ella también le pasó, se le fue pasando. Una día se enferma y en el sueño el abuelo aparece, le pide que se lo lleve con él, le dice que no, que era niño, que le faltaba vivir y debía estar cerca de la familia. Él pensó que tenía la culpa de la muerte del abuelo porque lo complacía mucho y le pedía para jugar, pero se dio cuenta que el abuelo no quería que pensara tanto en él.

A manera de final, tratando de cerrar esa suerte de espiral que se da a través de la continuidad generacional y de ese vínculo afectivo privilegiado, sigo, mas no concluyo la metáfora que tomé prestada de la confidencia de ese abuelo, para iniciar este trabajo:

“”Y las hojas, por más pequeñas que sean, también sienten y se desgarran cuando el tronco muere…pero, felizmente, encuentran la manera de seguir viviendo y creciendo…”

Muchas gracias.

(1) “Al buscar el apoyo de la matriz, la madre quiere y necesita ser ‘sostenida’, valorada, apreciada, ayudada y estructurada por una mujer benevolente y más experimentada que esté inequívocamente de su lado. Cuando recibe este apoyo se aproxima a algunas de las condiciones existentes cuando ella era niña. Así mismo, cuando la nueva madre tiene que poner orden en el caos de ritmo, señales y significados de su bebé, cosa que debe hacer en gran parte por ensayo y error, se ve obligada de nuevo a crear un orden para los aspectos más básicos y rudimentarios de la vida.” Stern, Daniel La constelación maternal La psicoterapia en las relaciones entre padres e hijos. Pág. 222

(2) “El soporte materno sostiene al yo inmaduro, que puede experimentar sin desorganizarse, sentando las bases para la integración. Las funciones de sostenimiento implican proteger contra la irrupción pulsional, tomar en cuenta la sensibilidad del bebé en términos corporales…Reconocer y aceptar el estado narcisista, con el consiguiente desconocimiento del no-yo por parte del bebé. Adaptarse al ritmo único y original de cada criatura. Acompañar los sutiles cambios, tanto físicos como psíquicos, que aparecen durante el crecimiento, implementando ‘una adaptación viva a sus necesidades’. A esta adaptación dinámica se refiere D.W. Winnicott cuando define la función de ‘madre suficientemente buena’. No se refiere a un ajuste perfecto sino a un movimiento flexible de adaptación-desadaptación que acompañe los ritmos y cambios del bebé.” Abadi, Sonia TRANSICIONES El modelo terapéutico de D.W. Winnicott. P

[i] Este trabajo fue publicado  como parte del libro AL FIN DE LA BATALLA Ser abuelos: un continuo sin fin. Fasciculo 1 SIDEA, Lima, 2002

 

BIBLIOGRAFIA

.ABADI, Sonia TRANSICIONES El modelo terapéutico de D.W. Winnicott. Editorial LUMEN. Buenos Aires, 1996

CALLIRGOS, Juan Carlos SOBRE HEROES Y BATALLAS Los caminos de la identidad masculina. Escuela para el desarrollo, Lima 1998

DOLTO, Françoise  Sexualité Féminine. Scarabée & Co/ A.M. Métailié, Paris, 1983

RAPHAEL-LEFF, Joan Pregnancy the incide history. Sheldom press, London, 1995

REDLER. Paulina ABUELIDAD Más allá de la paternidad.  Editorial Legasa. Buenos Aires

STERN, Daniel LA CONSTELACIÓN MATERNAL La psicoterapia en las relaciones entre padres e hijos. Editorial Paidos. España 1997

Winnicott, D.W. LOS BEBÉS Y SUS MADRES  El primer diálogo. Ediciones Paidos, España, 1993

Winnicott, D.W. CONVERSANDO CON LOS PADRES  Aciertos y errores en la crianza de los hijos. Ediciones Paidos, España, 1993